La incorporación de inteligencia artificial en el campo de la psicoterapia suele pensarse en términos de herramientas, eficiencia o acceso. Sin embargo, un artículo reciente publicado en el Journal of Medical Internet Research propone un enfoque diferente: analizar el lugar de estas tecnologías a partir de su relación con la mentalización y los procesos terapéuticos asociados.
Este planteo introduce una pregunta relevante para la clínica actual: ¿qué ocurre cuando un sistema tecnológico empieza a intervenir en procesos que tradicionalmente se desarrollan en el marco del vínculo terapéutico?
La mentalización como eje del trabajo clínico
La mentalización refiere a la capacidad de comprender la propia experiencia y la de los otros en términos de estados mentales: emociones, pensamientos, deseos o intenciones. En psicoterapia, esta capacidad se despliega en el marco de una relación en la que el paciente puede explorar su experiencia de manera progresiva.
El artículo subraya que este proceso está ligado a la construcción de confianza en el vínculo terapéutico. La disposición del paciente a considerar significativas las intervenciones del terapeuta no depende solo del contenido, sino también de cómo se desarrolla la interacción: el tono, el timing, la capacidad de ajuste y la forma en que se sostiene la experiencia emocional.
Desde esta perspectiva, la mentalización no aparece como una habilidad individual aislada, sino como un proceso que se construye en relación.
Qué lugar empieza a ocupar la inteligencia artificial
En este escenario, la inteligencia artificial comienza a participar de ciertos aspectos del procesamiento psicológico. Los sistemas actuales pueden sostener intercambios conversacionales, ofrecer reformulaciones y organizar información emocional de manera coherente.
Esto ha llevado a que algunas personas utilicen estas herramientas como un espacio complementario de reflexión. A través de estos intercambios, pueden ordenar ideas, poner en palabras lo que les ocurre o explorar posibles significados de sus experiencias.
El artículo describe situaciones en las que una persona consulta a un sistema de inteligencia artificial a partir de un malestar poco definido —por ejemplo, una sensación de ansiedad o un conflicto interpersonal— y recibe como respuesta una reformulación que organiza esa experiencia en términos emocionales o relacionales. Esta devolución puede facilitar una mayor claridad sobre lo que está ocurriendo internamente.
En este tipo de uso, la tecnología funciona como un soporte para la explicitación de estados internos. La persona logra diferenciar emociones, identificar pensamientos y construir una narrativa más organizada de su experiencia.
Los límites en la dimensión relacional
Al mismo tiempo, el artículo señala que estos desarrollos encuentran límites cuando se consideran los aspectos relacionales del proceso terapéutico.
La mentalización en psicoterapia incluye elementos que no se reducen al contenido verbal. La sincronía en la interacción, la regulación emocional compartida, los matices del lenguaje no verbal y la capacidad de sostener ambigüedad forman parte del trabajo clínico.
Estos componentes participan activamente en la construcción del vínculo terapéutico y en la posibilidad de que el paciente explore su experiencia de una manera particular. Se trata de procesos que se desarrollan en la interacción entre dos personas y que resultan difíciles de reproducir en sistemas artificiales.
Implicancias para la práctica con pacientes
La presencia creciente de estas herramientas comienza a modificar el contexto en el que se desarrollan las consultas. Algunos pacientes llegan a terapia habiendo utilizado inteligencia artificial para reflexionar sobre su malestar. Esto puede influir en la forma en que presentan su motivo de consulta, en las palabras que utilizan o en las interpretaciones que traen al espacio clínico.
En este sentido, el trabajo terapéutico puede incorporar la exploración de estos usos. Indagar cómo el paciente interactúa con estas herramientas permite comprender qué función cumplen en su experiencia y cómo se integran en su vida cotidiana.
Este material puede convertirse en un punto de partida para profundizar el trabajo clínico, sin perder de vista las particularidades del vínculo terapéutico.
Un escenario en transformación
El artículo propone pensar la inteligencia artificial como parte de un escenario en transformación. Estas tecnologías muestran capacidad para participar en ciertos aspectos del procesamiento psicológico, especialmente aquellos vinculados a la organización verbal de la experiencia.
Al mismo tiempo, la psicoterapia continúa apoyándose en dimensiones relacionales que no se reducen a ese plano. La construcción de un vínculo, la regulación compartida y la posibilidad de explorar la experiencia en interacción siguen ocupando un lugar central en la práctica clínica.
En este contexto, el desafío no se limita a evaluar las capacidades de la tecnología, sino a comprender cómo se reconfigura el trabajo terapéutico cuando aparecen nuevos modos de interacción en la vida de los pacientes.
La pregunta por la mentalización, en este sentido, permite delimitar con mayor precisión qué ocurre en el encuentro clínico y qué aspectos continúan dependiendo de la experiencia compartida entre terapeuta y paciente.
Fuente de referencia:
Mentalizing Without a Mind: Psychotherapeutic Potential of Generative AI
https://www.jmir.org/2025/1/e79156/
