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Uno de los desafíos más frecuentes en la práctica clínica aparece cuando el paciente reconoce la necesidad de cambiar, pero duda de su capacidad para lograrlo. Expresiones como “ya lo intenté muchas veces”, “no creo poder sostenerlo” o “siempre termino haciendo lo mismo” reflejan una percepción de escasa eficacia personal que puede condicionar el curso del tratamiento incluso antes de que comiencen las intervenciones específicas.

La entrevista motivacional considera que la confianza en la propia capacidad de cambio constituye un componente fundamental del proceso terapéutico. Cuando una persona percibe que cuenta con recursos para afrontar una dificultad, aumenta la probabilidad de que se comprometa con nuevas acciones y persista frente a los obstáculos que inevitablemente aparecerán durante el proceso.

Por este motivo, fortalecer la autoeficacia no implica ofrecer mensajes de optimismo vacío, sino ayudar al paciente a reconocer capacidades que ya forman parte de su experiencia.

Recuperar la historia de los logros

Con frecuencia, las personas llegan a consulta concentradas en sus fracasos. Las recaídas, los intentos inconclusos o las dificultades actuales ocupan gran parte del relato, mientras que otras experiencias quedan relegadas a un segundo plano.

Explorar situaciones en las que el paciente logró resolver problemas, atravesar momentos complejos o sostener decisiones importantes permite ampliar la mirada sobre sus propios recursos. No se trata de buscar ejemplos extraordinarios, sino de identificar experiencias concretas que demuestren capacidad de adaptación, perseverancia o aprendizaje.

Estas conversaciones ayudan a construir una narrativa menos centrada en las limitaciones y más conectada con las competencias disponibles para afrontar nuevos desafíos.

Reconocer los pequeños avances

Los cambios significativos suelen construirse a partir de transformaciones graduales. Sin embargo, tanto pacientes como terapeutas pueden quedar atentos únicamente a los grandes objetivos, pasando por alto progresos que representan avances importantes dentro del proceso.

Una conversación diferente, una decisión postergada que finalmente pudo tomarse o una conducta que logró sostenerse durante algunos días pueden ofrecer información valiosa sobre aquello que comienza a modificarse.

Dar visibilidad a estos movimientos favorece una percepción más realista del cambio y fortalece la confianza para continuar avanzando.

Favorecer decisiones que pertenezcan al paciente

La confianza también se desarrolla cuando las personas experimentan que las decisiones nacen de su propia reflexión. Si el cambio responde exclusivamente a recomendaciones externas, resulta más difícil sostenerlo frente a las dificultades.

Por ese motivo, la entrevista motivacional propone que el paciente participe activamente en la definición de objetivos y en la planificación de los pasos a seguir. El terapeuta acompaña este proceso aportando estructura, preguntas y observaciones clínicas, mientras la persona identifica las estrategias que considera más viables para su realidad.

Esta modalidad de trabajo fortalece el sentido de autonomía y favorece un mayor compromiso con las decisiones tomadas.

La percepción de eficacia no suele aparecer de manera espontánea. Se construye a partir de experiencias que permiten comprobar que el cambio es posible y que los propios recursos pueden movilizarse frente a nuevas dificultades. La tarea clínica consiste en crear las condiciones para que esas experiencias sean reconocidas, integradas y transformadas en una base sólida desde la cual el paciente pueda afrontar los desafíos que todavía tiene por delante.

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