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En toda conversación terapéutica existen momentos en los que el paciente comienza a expresar, de manera más o menos explícita, su deseo, necesidad o intención de cambiar. A veces lo hace con frases breves, como “así no quiero seguir” o “me gustaría que las cosas fueran distintas”. En otras oportunidades aparece al recordar intentos previos, imaginar un futuro diferente o describir aquello que espera recuperar si logra modificar una conducta.

Estas expresiones tienen un valor clínico particular porque reflejan que el paciente empieza a construir, con sus propias palabras, argumentos a favor del cambio. La entrevista motivacional considera que identificar y desarrollar este tipo de discurso puede favorecer el compromiso con el tratamiento y facilitar la toma de decisiones.

Más que persuadir al paciente, el trabajo del terapeuta consiste en prestar atención a esos momentos y crear las condiciones para que puedan ampliarse.

Escuchar las señales que aparecen en la conversación

Las razones para cambiar no siempre se presentan de manera directa. En muchas ocasiones aparecen mezcladas con dudas, contradicciones o temores. Un paciente puede expresar preocupación por las consecuencias de una conducta y, pocos minutos después, explicar por qué todavía le resulta difícil modificarla.

Esta oscilación forma parte del proceso terapéutico. Por eso resulta útil escuchar con atención aquellos comentarios que revelan una preocupación creciente, un deseo de vivir de otra manera o el reconocimiento de que la situación actual ha comenzado a generar costos importantes.

Detectar estas expresiones permite orientar la conversación hacia aspectos que fortalecen la motivación sin necesidad de introducir argumentos externos.

Profundizar sin apresurar conclusiones

Cuando el paciente expresa una intención de cambio, la respuesta del terapeuta puede favorecer que esa idea se desarrolle o, por el contrario, interrumpir el proceso de reflexión.

En lugar de avanzar rápidamente hacia recomendaciones o planes de acción, suele ser más útil invitar a profundizar aquello que acaba de aparecer. Preguntas que exploran el significado de esa afirmación, las razones que la sostienen o las expectativas asociadas al cambio permiten que el paciente continúe elaborando sus propios argumentos.

Este proceso favorece una motivación más sólida porque surge de la experiencia personal y no de la necesidad de responder a las expectativas del profesional.

Dar espacio a las fortalezas

El lenguaje de cambio no solo hace referencia a las razones para modificar una conducta. También incluye aquellas expresiones que muestran confianza en las propias capacidades, recuerdan logros anteriores o reconocen recursos que pueden ponerse en juego durante el tratamiento.

Cuando el terapeuta recupera estos aspectos mediante reflexiones o preguntas, contribuye a fortalecer una imagen más amplia de las posibilidades del paciente. La conversación deja de girar exclusivamente alrededor del problema y comienza a incorporar elementos que favorecen el desarrollo del cambio.

Esta forma de trabajar también ayuda a que las decisiones futuras se apoyen en experiencias concretas y no únicamente en deseos o expectativas.

Una conversación que acompaña el cambio

La motivación no suele aparecer como una decisión definitiva tomada desde el comienzo del tratamiento. Con frecuencia se construye a lo largo de múltiples conversaciones en las que el paciente organiza sus ideas, revisa sus prioridades y encuentra nuevas formas de comprender aquello que está viviendo.

En ese recorrido, las palabras adquieren un papel relevante. Cada vez que una persona logra expresar con claridad por qué desea cambiar o qué espera conseguir con ese cambio, comienza también a consolidar un compromiso más profundo con ese objetivo. La tarea del terapeuta consiste en reconocer esos momentos, ofrecer el espacio para desarrollarlos y permitir que sea el propio paciente quien vaya encontrando las razones que darán sustento a sus decisiones.

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