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La presencia de inteligencia artificial en la práctica clínica continúa creciendo. Un artículo reciente publicado por la American Psychological Association analiza cómo los psicólogos están incorporando estas herramientas en su trabajo cotidiano y cuáles son las principales preocupaciones que aparecen junto con esa expansión. (apa.org)

El escenario que describe el artículo es particularmente interesante porque evita posiciones extremas. La inteligencia artificial no aparece únicamente como amenaza ni como solución definitiva, sino como una tecnología que comienza a integrarse en distintos niveles de la práctica profesional, generando tanto interés como incertidumbre.

Una incorporación cada vez más frecuente

Según los datos relevados por la APA, el uso de herramientas de inteligencia artificial entre psicólogos creció de manera significativa en el último año. Muchos profesionales comenzaron a utilizarlas para tareas administrativas y organizativas vinculadas a la práctica clínica.

Entre los usos más frecuentes aparecen la redacción de correos, la organización de documentación clínica, la síntesis de notas y la elaboración de materiales de trabajo. (icthealth.org)

Este tipo de aplicaciones suele ser percibido como una forma de disminuir la carga administrativa, especialmente en contextos donde los profesionales enfrentan altos niveles de demanda y escaso tiempo disponible.

El artículo también señala que muchos terapeutas comienzan a explorar estas herramientas de manera experimental, intentando delimitar qué tareas pueden facilitarse sin afectar el trabajo clínico.

Las preocupaciones crecen junto con el uso

Sin embargo, el aumento en la utilización de inteligencia artificial viene acompañado de mayores niveles de preocupación.

Uno de los datos más destacados es que una gran mayoría de los psicólogos encuestados expresa inquietudes sobre los posibles efectos de estas tecnologías en el campo de la salud mental. (icthealth.org)

Las preocupaciones más frecuentes incluyen:

  • privacidad y protección de datos,
  • sesgos en los sistemas,
  • información incorrecta o “alucinaciones”,
  • efectos sociales no previstos,
  • y falta de regulación clara. (icthealth.org)

A medida que los profesionales utilizan más estas herramientas, parecen también volverse más conscientes de sus límites y riesgos potenciales.

El problema no es solo técnico

Uno de los puntos más interesantes del artículo es que las preocupaciones no se reducen únicamente a cuestiones tecnológicas.

Muchos profesionales expresan inquietud por el posible impacto de estas herramientas sobre aspectos centrales del trabajo terapéutico, como la atención clínica, la relación con el paciente o el juicio profesional.

Por ejemplo, algunos clínicos describen dificultades para mantenerse plenamente presentes en las entrevistas cuando utilizan sistemas automáticos de registro o transcripción. En ciertos casos, la expectativa de que la herramienta “capture todo” puede modificar la escucha durante la sesión.

Esto introduce una pregunta relevante para la práctica: cómo incorporar recursos tecnológicos sin que interfieran en procesos que dependen de la atención clínica y del vínculo terapéutico.

Pacientes que también usan inteligencia artificial

El artículo también describe otro fenómeno cada vez más frecuente: muchos pacientes ya utilizan inteligencia artificial por fuera de la consulta.

Algunas personas recurren a chatbots para buscar explicaciones sobre síntomas, organizar emociones o pedir orientación frente a situaciones personales. Esto modifica el contexto en el que se desarrolla la terapia.

Cada vez es más habitual que los pacientes lleguen a sesión con hipótesis previas, etiquetas diagnósticas o interpretaciones construidas a partir de interacciones con sistemas de IA.

Esto no necesariamente implica un problema clínico, pero sí introduce nuevos materiales en el espacio terapéutico. Comprender cómo el paciente utiliza estas herramientas y qué función cumplen en su experiencia comienza a formar parte del trabajo clínico contemporáneo.

Una práctica que necesita nuevos criterios

El artículo de la APA subraya que la incorporación de inteligencia artificial requiere algo más que entusiasmo tecnológico. Los profesionales necesitan desarrollar criterios para evaluar estas herramientas, comprender cómo funcionan y delimitar sus alcances. (iowapublicradio.org)

Entre las recomendaciones aparecen aspectos como:

  • obtener consentimiento informado cuando se utilizan herramientas de IA,
  • evaluar riesgos de privacidad,
  • revisar posibles sesgos,
  • y sostener supervisión humana sobre cualquier proceso automatizado. (newswise.com)

La discusión ya no parece centrarse únicamente en si estas tecnologías van a formar parte de la práctica clínica, sino en cómo hacerlo de manera ética y clínicamente cuidadosa.

Una transformación que ya comenzó

La inteligencia artificial empieza a ocupar un lugar estable dentro del campo de la salud mental. Su presencia modifica tareas administrativas, formas de acceso a la información y modos en que los pacientes organizan su experiencia.

Al mismo tiempo, el artículo muestra que los terapeutas continúan ubicando el vínculo clínico y el juicio profesional como dimensiones centrales del trabajo terapéutico.

Más que reemplazar la práctica clínica, estas herramientas parecen estar redefiniendo el contexto en el que esa práctica ocurre.

El desafío para los profesionales consiste en integrar estos recursos sin perder de vista aquello que sigue sosteniendo el proceso terapéutico: la capacidad de escuchar, comprender y trabajar con la complejidad de la experiencia humana.

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