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En la práctica clínica cotidiana de la salud mental, observamos que las derivaciones y demandas de atención de la población infanto-juvenil reflejan un panorama de malestar emocional cada vez más complejo. Muchas veces, el primer espacio donde se manifiestan estos indicadores no es el consultorio psicológico, sino las revisiones de salud general a las que asisten de forma regular.

Un reciente estudio epidemiológico a gran escala publicado en la revista JAMA Network Open, liderado por la profesora Megan Cole Brahim de la Escuela de Medicina de Harvard, aporta datos cuantitativos contundentes sobre esta realidad. Tras analizar los registros médicos y reclamos de seguros de 1.8 millones de niños y adolescentes (con edades comprendidas entre 1 y 18 años), la investigación revela que el porcentaje de visitas en el ámbito de atención primaria en las que se identificaron necesidades de salud mental pasó del 5.7 por ciento en 2014 al 9.7 por ciento en 2023.

A continuación, analizamos los puntos centrales de esta investigación y las repercusiones directas que plantea para nuestro quehacer profesional.

1. El crecimiento sin precedentes de las consultas por ansiedad

Si bien los diagnósticos relacionados con el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) siguen siendo el motivo más frecuente detectado en las revisiones generales (alcanzando el 6.7 por ciento al cierre del estudio), el incremento más alarmante se registró en los cuadros de ansiedad.

Las consultas vinculadas a sintomatología ansiosa en este entorno médico experimentaron un aumento superior al 250 por ciento a lo largo de la década analizada, pasando de un 1.7 por ciento en 2014 a un 6.1 por ciento en 2023. Los autores del estudio enfatizan que este crecimiento tan marcado sobrepasó por completo el incremento de cualquier otra condición clínica (incluyendo el espectro autista, la depresión y el trauma), lo que sugiere que no nos encontramos ante un mero cambio en los criterios de registro, sino ante una transformación real y profunda en la manifestación de los síntomas en la población joven. Es importante destacar, además, que esta tendencia al alza ya venía consolidándose de manera sostenida antes del inicio de la pandemia por coronavirus.

2. El factor del screening y las proyecciones a futuro

Otro elemento a tener en cuenta dentro del análisis clínico es el impacto de las políticas de prevención en salud. Hacia el final del período estudiado (específicamente en 2022), el Grupo de Trabajo de Servicios Preventivos de Estados Unidos recomendó la implementación de instancias de screening sistemático de ansiedad para todos los menores a partir de los 8 años en espacios de atención primaria.

Aunque esta medida se adoptó de forma tardía como para justificar el aumento previo registrado en el estudio, los investigadores señalan que la generalización de estas herramientas de detección temprana provocará, de manera previsible, que las tasas documentadas de ansiedad continúen elevándose en los próximos años, visibilizando casos que antes permanecían sumergidos en el entorno escolar o familiar.

3. La encrucijada del tratamiento en el sistema de salud actual

El panorama estadístico contrasta con las limitaciones estructurales a las que se enfrentan los profesionales médicos en su práctica diaria. Expertos externos que analizaron los resultados del estudio (como el doctor Robert L. Trestman) señalan la falta de tiempo crónica en las consultas de atención primaria y la escasez de especialistas en psiquiatría y psicología infanto-juvenil.

Esta disparidad entre la alta demanda y la falta de recursos asistenciales abre un debate complejo respecto al uso de psicofármacos. Frente a las corrientes de opinión actuales que buscan prevenir o limitar las prescripciones de medicamentos psiquiátricos en menores, la realidad clínica demuestra que, ante las dificultades de acceso a la psicoterapia prolongada (ya sea por falta de cobertura o por la imposibilidad de las familias para compatibilizar los horarios escolares y laborales), la medicación suele presentarse como la alternativa más accesible para sostener la funcionalidad del niño en su entorno cotidiano. Centrar el debate únicamente en la reducción del fármaco obvia la necesidad prioritaria de construir una red de apoyo psicoterapéutico accesible.

Implicaciones para la red de salud mental

Para quienes trabajamos en el ámbito de la salud mental, estos hallazgos refuerzan la necesidad urgente de replatear los modelos de derivación y acceso. Si actualmente uno de cada diez niños que entra a una consulta médica general presenta una necesidad de salud mental latente, la integración de servicios de psicología y psicoterapia dentro de los propios centros de salud comunitaria y atención primaria se vuelve una estrategia indispensable.

Nuestra labor como terapeutas debe orientarse a optimizar la colaboración estrecha con los profesionales de la salud general para garantizar detecciones tempranas, intervenciones oportunas y un acompañamiento integral que mitigue el impacto de este malestar en las trayectorias de desarrollo de los más jóvenes.

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