Revisás tu agenda y ves ese espacio en blanco que se extiende más de lo esperado. La sesión de ayer se canceló “por las fiestas” y no hubo interés en reprogramar. El mensaje de “después de Navidad te aviso” suena más a despedida que a pausa. Y de pronto, un silencio familiar inunda tu consulta (virtual o presencial).
No estás solo. Acabás de toparte con el Abandono de Diciembre, un fenómeno tan predecible como la Navidad misma… pero del que nadie habla en voz alta. Y si te está incomodando, probablemente lo estés interpretando mal.
Cuando el terapeuta entra en pánico: los intentos de solución que empeoran todo
Cuando un consultante desaparece en diciembre, muchos profesionales activan respuestas automáticas que, sin quererlo, generan más tensión. En la Terapia Estratégica, sabemos que estos intentos de solución del terapeuta pueden reforzar el problema.
Veamos algunos clásicos:
- Personalizar el rechazo
Esa narrativa silenciosa de:
“Se fue porque no fui suficientemente bueno.”
Como si la cancelación hablara de vos, y no de su propio sistema, su etapa del proceso o su modo de enfrentar cambios.
- La persecución disfrazada de “preocupación”
Escribir un WhatsApp extra.
Mandar un correo un poco más explicativo.
Reforzar la importancia de seguir asistiendo.
¿Resultado? El consultante siente la presión, y su movimiento de alejamiento se intensifica. La danza se rompe.
- Diagnosticar al consultante desde el enojo
“Es resistente.”
“No quiere cambiar.”
“No está comprometido.”
Etiquetas rígidas que funcionan como cerrojos: cierran la posibilidad de retorno y te mantienen atrapado en un rol de juez, no de estratega.
- Ignorar el contexto y leer el abandono como un acto aislado
Diciembre tiene una lógica propia: cansancio acumulado, sobrecarga social, sensación de que “hay que poner todo en pausa”, fantasía de empezar el año “en blanco”.
No leer eso es como intentar navegar sin mirar la marea.
El abandono como movimiento estratégico: una lectura diferente
Desde el modelo estratégico, el abandono no es el final de la partida. Es un movimiento más dentro del sistema terapeuta-consultante.
A veces, es un acto torpe de autonomía:
«Quiero probar si puedo solo.»
A veces, es un modo de probarte como figura:
«¿Seguirá ahí cuando vuelva?»
A veces, es simplemente obediencia al clima social:
«Cierro todo en diciembre, incluso la terapia.»
Y muchas veces, es un modo inconsciente de regular la intensidad del proceso:
«Necesito aire antes del próximo paso.»
Leído así, el abandono deja de ser un problema… y empieza a ser información valiosísima sobre el sistema.
Protocolo estratégico para el abandono navideño
Aquí va un pequeño manual de supervivencia y lucidez para diciembre. Tres pasos, claros y aplicables mañana mismo.
Paso 1: La comunicación puente
Enviar un único mensaje.
Breve, cálido, sin reproches y sin pescar la culpa.
Ejemplo:
“He recibido tu cancelación. Entiendo que es una época de mucho movimiento.
Te deseo unas muy buenas fiestas y quedo a disposición si en enero querés retomar.
Será un gusto volver a trabajar juntos.”
Este mensaje:
✔ cierra la interacción sin tensión
✔ deja la puerta abierta
✔ no invade
✔ protege tu rol y su autonomía
Es un puente, no una soga.
Paso 2: El análisis sin culpa
El tiempo muerto es oro clínico.
Preguntate:
- ¿En qué punto del proceso se fue?
- ¿Venía esquivando alguna tarea o conversación?
- ¿Había una resistencia emergente?
- ¿La etapa del proceso era particularmente desafiante?
Esto no es para que te castigues.
Es para entender la danza.
Porque cuando el consultante se va, el sistema se mueve. Y ahí hay datos preciosos para futuros casos… y para cuando esa misma persona vuelva.
Paso 3: El reencuadre de la vuelta
Si reaparece en enero, y muchos lo hacen, más de lo que se admite, la primera sesión es estratégica.
Evitá abrir con:
“¿Por qué desapareciste?”
“Me preocupé cuando no me escribiste.”
“Perdiste continuidad.”
Eso te deja en lugar de perseguidor o fiscalizador.
Probá esto:
“Me alegra verte.
Esta pausa me dio información sobre el proceso.
Me interesa entender cómo te sirvió este tiempo y qué te trae de vuelta hoy.”
Con ese giro:
✔ Convertís la huida en un intervalo legítimo
✔ Quitás la culpa
✔ Transformás el retorno en un hito de autonomía
✔ Recuperás el rol estratégico
¿Por qué funciona?
Porque respeta las reglas del sistema.
Porque no empujás donde el otro ya se está alejando.
Porque la ausencia deja de ser “traición” y pasa a ser “movimiento”.
Porque devolvés la responsabilidad al consultante sin dramatizar.
Y porque un espacio terapéutico que no juzga la pausa es un espacio al que siempre se puede volver.
El Terapeuta Como Navegante, No Como Guardacostas
El terapeuta que se siente obligado a “retener” pierde foco y pierde poder.
No estás para salvar, ni para perseguir, ni para evaluar adhesiones.
Estás para acompañar, leer el sistema, intervenir cuando corresponde y dejar espacio cuando el sistema necesita respirar.
Un consultante que se siente libre de irse
es un consultante que puede elegir volver.
Este diciembre, en lugar de lamentar los silencios, escuchalos.
Son parte de la coreografía.
Y recordá: en todo viaje largo, las estaciones de descanso no son interrupciones…
son parte del camino.