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El primer encuentro entre un terapeuta y un paciente es crucial para establecer una base sólida que guiará el proceso terapéutico. Los profesionales de la salud mental saben que la primera sesión no es solo para escuchar, sino también para hacer preguntas estratégicas que revelen las dinámicas del problema. A continuación, se presentan tres preguntas fundamentales que pueden ayudar a organizar la sesión inicial y establecer una comprensión clara del motivo de consulta.

  1. ¿Por qué ahora?

Una de las preguntas más reveladoras que un terapeuta puede hacer es: «¿Por qué decidiste buscar ayuda en este momento?». Es fundamental explorar qué evento reciente ha provocado que el paciente decida dar el paso y acudir a terapia. Este desencadenante puede proporcionar información valiosa sobre la urgencia del problema, las tensiones emocionales o los factores externos que influyen en su bienestar.

Por ejemplo, un paciente podría decir: «Me puse mucho más nervioso cuando me cambiaron de puesto en el trabajo, pero me decidí a venir la semana pasada cuando la jefa me dijo incompetente y yo la insulté». Este tipo de respuestas no solo arrojan luz sobre el momento actual, sino que también conectan con experiencias recientes que pueden estar intensificando el malestar. Identificar este momento crítico ayuda a los terapeutas a comprender mejor el contexto emocional del paciente y lo que lo ha impulsado a actuar.

  1. ¿Qué soluciones ha intentado?

Otra pregunta clave es: «¿Qué has intentado hacer hasta ahora para resolver el problema?». Esta indagación permite conocer los esfuerzos previos del paciente o de su entorno para manejar el conflicto, y si estas soluciones han sido útiles o, por el contrario, han perpetuado el problema.

Es común que las personas, en su intento por mejorar, adopten estrategias que terminan siendo ineficaces o que incluso agraven la situación. Un ejemplo de una solución fracasada podría ser un padre que, ante las dificultades de su hijo para concentrarse, decide aplicar castigos severos, lo que empeora la relación entre ambos. Por otro lado, también es importante identificar soluciones exitosas que se hayan dejado de utilizar y explorar por qué fueron abandonadas. Esta reflexión puede abrir la puerta a retomar aquellas estrategias que fueron útiles, o ajustar las que no dieron resultado.

  1. ¿Qué cosas hace sin querer o quisiera hacer y no puede por el problema?

Esta tercera pregunta busca indagar las limitaciones impuestas por el problema, tanto en lo que el paciente hace sin querer como en lo que quisiera hacer, pero no puede debido a su situación. Por ejemplo, un estudiante que, tras la muerte de su madre, no puede estudiar ni concentrarse porque está abrumado por pensamientos intrusivos relacionados con su pérdida. Este tipo de preguntas ayuda al terapeuta a comprender cómo el problema está interfiriendo con el funcionamiento diario del paciente y qué objetivos le gustaría alcanzar si no estuviera bloqueado por su situación actual.

 

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