Hace más de diez años que en CPP dictamos un curso sobre suicidio. Durante todo este tiempo, profesionales de distintas disciplinas se han formado para reconocer situaciones de riesgo, comprender el fenómeno y desarrollar herramientas de prevención.
Y no somos los únicos. La formación en este campo se multiplicó, al igual que los protocolos, las campañas, las líneas de atención y los equipos especializados.
Entonces aparece una pregunta que resulta difícil de evitar: si cada vez somos más quienes trabajamos en prevención, ¿por qué siguen ocurriendo tantos suicidios?
Los datos recientes permiten dimensionar el problema. En Argentina, el suicidio se mantiene como una de las principales causas de muerte violenta y presenta una incidencia especialmente preocupante entre adolescentes y jóvenes. Un relevamiento publicado por Cenital muestra, además, diferencias importantes entre grupos etarios y territorios, lo que permite observar que el fenómeno no se distribuye de manera homogénea.
La pregunta, entonces, no parece tener una respuesta que pueda encontrarse únicamente dentro del consultorio.
Un profesional puede formarse para detectar señales de riesgo, evaluar una situación, intervenir en una crisis y acompañar a una persona. Todo esto resulta fundamental. Pero existen condiciones que exceden las posibilidades de una intervención individual.
Las dificultades económicas, la precarización laboral, el aislamiento, el debilitamiento de los vínculos comunitarios y las dificultades para construir proyectos de vida aparecen entre los factores que distintos especialistas consultados por Cenital consideran relevantes para comprender el fenómeno. En adolescentes y jóvenes se agregan, además, las experiencias vinculadas con la escuela, los grupos de pertenencia y los espacios digitales.
Esto permite pensar la prevención desde una perspectiva más amplia.
Una persona puede acceder a tratamiento psicológico y continuar atravesando condiciones de vida extremadamente difíciles. Puede contar con un profesional disponible y, al mismo tiempo, encontrarse aislada de sus vínculos. Puede recibir atención en una crisis y volver después a un contexto que permanece sin modificaciones.
Por eso, la existencia de más profesionales capacitados no necesariamente se traduce, por sí sola, en una disminución proporcional de los suicidios.
La prevención requiere distintos niveles de intervención y diferentes actores. La atención clínica tiene un papel central, pero también lo tienen las familias, las instituciones educativas, los servicios de salud, las organizaciones comunitarias y las políticas públicas.
Esta mirada resulta especialmente importante para quienes trabajamos en salud mental porque permite revisar una expectativa difícil de sostener: que una buena intervención profesional debería ser capaz de resolver por sí misma una problemática de esta magnitud.
Quizás una de las tareas más importantes sea justamente reconocer los límites de nuestra intervención sin perder capacidad de acción.
Formarnos permite intervenir mejor. Conocer los factores de riesgo mejora la detección. Trabajar sobre los vínculos puede ampliar las redes de apoyo. Coordinar con otros profesionales y dispositivos puede favorecer la continuidad del cuidado. Todas estas acciones tienen valor, incluso cuando ninguna de ellas explica por sí sola el fenómeno.
El suicidio se construye en la interacción de múltiples dimensiones. Hay una historia singular, una situación vital, determinados vínculos, condiciones sociales, recursos disponibles y circunstancias que pueden cambiar a lo largo del tiempo.
Pensarlo de esta manera también modifica la pregunta inicial. Tal vez el desafío no sea preguntarnos únicamente por qué, a pesar de tantos avances en prevención, siguen ocurriendo suicidios. También necesitamos preguntarnos qué dimensiones del problema todavía no estamos pudiendo abordar y cómo podemos ampliar nuestras redes de cuidado.
La prevención sigue siendo una tarea imprescindible. Pero para que pueda alcanzar toda su complejidad, necesita ser pensada más allá de una única disciplina, de un único dispositivo y de una única explicación.
