La práctica psicoterapéutica no se desarrolla en el vacío. Cada época introduce nuevas configuraciones del malestar, distintas expectativas hacia la terapia y transformaciones culturales que impactan directamente en el consultorio. El artículo “6 Therapy Trends to Watch in 2026”, publicado en la revista “Psychotherapy Networker”, reúne la mirada de distintos referentes del campo para identificar movimientos que ya están modelando la clínica contemporánea.
Más que predicciones, estas tendencias pueden leerse como coordenadas para pensar la intervención profesional en un contexto de cambio acelerado.
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El auge de la clínica comunitaria
Linda Thai señala un creciente interés por experiencias grupales, talleres vivenciales y espacios relacionales que exceden el formato tradicional de la terapia individual. Según su planteo, muchas heridas vinculares —especialmente aquellas originadas en contextos familiares adversos— solo pueden repararse en presencia de otros.
Desde la clínica, esto invita a reconsiderar el lugar del grupo como dispositivo de regulación, pertenencia y experiencia corporal compartida. La terapia deja de pensarse únicamente como un espacio individual de insight y se amplía hacia experiencias donde la conexión y el sentido de comunidad cumplen una función reparadora.
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La llamada “recesión sexual” y sus significados
Justin García advierte sobre la preocupación creciente en torno a la disminución de la frecuencia sexual. Sin embargo, propone desplazar el foco cuantitativo hacia una exploración cualitativa: no se trata de cuánto sexo se tiene, sino de qué significado adquiere en cada vínculo.
Clínicamente, esto supone desarticular mitos que equiparan frecuencia con calidad relacional. La intervención apunta a comprender expectativas, temores y narrativas culturales que los pacientes asocian a la sexualidad, evitando lecturas simplificadoras o alarmistas.
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La inteligencia artificial como “co-terapeuta”
Sahaj Kaur Kohli introduce un fenómeno ineludible: muchos pacientes ya utilizan herramientas de inteligencia artificial para procesar emociones, buscar diagnósticos o recibir validación inmediata. Este recurso forma parte de su ecosistema emocional.
La pregunta clínica no es si aprobar o rechazar estas prácticas, sino cómo integrarlas al encuadre terapéutico. Indagar su uso, revisar críticamente la información obtenida y trabajar sobre los efectos subjetivos de estas interacciones se vuelve parte del trabajo profesional.
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Un ecosistema ampliado de cuidado
Matthias Barker describe cómo el acceso masivo a contenidos psicológicos en redes sociales transformó la relación de los pacientes con el saber terapéutico. Tras una etapa de consumo fragmentado de conceptos, muchas personas buscan ahora espacios más profundos y relacionales para integrar lo aprendido.
Esto configura un ecosistema donde la terapia convive con comunidades, grupos online, lecturas y otras figuras de acompañamiento. El terapeuta deja de ocupar el lugar exclusivo de referencia y pasa a formar parte de una red más amplia de apoyo.
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Repensar el trabajo con el apego evitativo en parejas
Julie Menanno observa una dinámica frecuente: uno de los miembros de la pareja avanza en procesos de autoconocimiento mientras el otro se mantiene distante o defensivo, especialmente en configuraciones donde predomina el apego evitativo.
La autora enfatiza la importancia de generar seguridad emocional antes de confrontar. Patologizar o acusar suele profundizar la distancia. La intervención clínica requiere curiosidad, validación y una construcción gradual de confianza para que el miembro más reticente pueda implicarse en el proceso.
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El agotamiento parental como fenómeno extendido
Chinwé Williams advierte sobre el aumento del burnout parental en un contexto de polarización social, incertidumbre económica y sobreexposición tecnológica. Este agotamiento impacta directamente en la regulación emocional de los niños.
La intervención, según este enfoque, no se limita a estrategias conductuales, sino que prioriza la regulación del sistema nervioso de los adultos como condición para la co-regulación con los hijos. El bienestar parental se convierte así en un eje central de prevención en salud mental.
Las seis tendencias señaladas en el artículo no constituyen fenómenos aislados. En conjunto, describen una transformación más amplia: la terapia se inserta hoy en un entramado comunitario, tecnológico y cultural más complejo que en décadas anteriores.
Para los profesionales de la salud mental, el desafío no es adoptar cada tendencia como una moda, sino comprender qué expresa cada una acerca de las necesidades actuales de quienes consultan. Leer estos movimientos con criterio clínico permite sostener una práctica sensible al contexto, sin perder el rigor ni la especificidad del trabajo terapéutico.