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Desde nuestro punto de vista, los problemas de aprendizaje surgen como consecuencia de factores individuales e interaccionales.

Llamamos factores individuales a los que tienen que ver más específicamente con las características del funcionamiento mental del sujeto; características que inhiben o perturban su capacidad de aprender. Por ejemplo, un niño puede estar muy afectado por el fallecimiento reciente de un hermanito. Por sus características, esto puede impedirle prestar suficiente suficiente atención en clase y por lo tanto, su capacidad de aprender se verá afectada.

Llamamos interaccionales a aquellos factores del medio (familiar, escolar y otros) que contribuyen a desarrollar o mantener una dificultad. Por ejemplo, el clima familiar puede no ser el más apropiado para que el niño cultive su habilidad para diferenciar distintos estímulos o conceptos, o el método que utiliza un maestro puede no ser el más apropiado para ayudar a un niño a resolver una dificultad (aún cuándo sea apropiado para otros niños con dificultades similares).

Dicho de otro modo, los problemas de aprendizaje (como todos los demás) no existen en soledad sino que son producto de un contexto.

Es necesario aclarar aquí que nos estamos refiriendo a «problemas» y no a incapacidades de tipo genético u orgánico.

Por ende, es importante para nosotros determinar en cada caso si es preferible abordar el tratamiento desde una perspectiva individual o contextual o, eventualmente, si es necesario, desde ambas. No obstante, cualquiera sea el caso, pensamos que es conveniente considerar que la familia, y en particular los padres, tienen un importante papel en la resolución de este tipo de problemas.

Partiendo entonces de un adecuado diagnóstico psicopedagógico, interaccional y neurológico -si es necesario- pueden planificarse diferentes formas de tratamiento.

Algunas de las formas más frecuentes en que los problemas se presentan son las siguientes:

 

a) Problemas en la interacción maestro – alumno:

Puede aparecer un trastorno de aprendizaje que sea producto de la relación maestro – alumno. Este tipo de trastornos puede resolverse de distintas formas. Algunas parecen obvias, pero no necesariamente poco efectivas, como por ejemplo, cambiar al niño de colegio o maestro, brindarle ayuda a través de un maestro particular. Otras formas consisten en la intervención del psicopedagogo con los padres y/o maestro.

Un ejemplo de esta última forma: consultan los padres de una niña de nueve años debido a que la niña no rinde en la escuela. “Un día hace bien las cuentas, dos días las hace mal y a veces vuelve de la escuela con las tareas incompletas”.

Ante este problema los padres recurren a un especialista. En la entrevista familiar surge un dato importante: la maestra censura y desvaloriza a la niña cuando resuelve mal las cuentas o no completa su tarea. La niña se siente muy disminuida frente a sus compañeras.

Una forma de intervenir en este caso es intentando cambiar la reacción de la maestra hacia su alumna. Por lo tanto, la tarea de la psicopedagoga es la de discutir con el maestro distintas alternativas, hasta llegar a una que parezca adecuada para modificar la situación.

 

b) El comportamiento de la familia contribuye a mantener el problema de aprendizaje.

Existen otros casos en los que el trastorno de aprendizaje se mantiene principalmente por factores interaccionales entre el niño y su familia. Es decir, independientemente de cual haya sido el origen del trastorno, el mismo se mantiene a raíz de que la familia utiliza medios inadecuados para manejarlos.

En este caso basta generalmente con intervenir a nivel interaccional, porque no hay perturbación duradera en la capacidad de aprender.

Ejemplo esquemático un tratamiento de este tipo: consultan los padres por una niña de nueve años con dificultades en lengua y en matemática. Invierte sílabas, escribe oraciones sin sentido; en matemática no puede resolver problemas y no sabe las tablas de multiplicar. Repitió segundo grado y ahora cursa tercero.

Para evaluar el nivel en que sus capacidades están afectadas, se realiza un diagnóstico psicopedagógico. El resultado indica que su nivel de maduración corresponde al de una niña de siete años, es decir, dos años menos que su edad cronológica.

En la entrevista familiar se observa que los padres son muy exigentes, tanto consigo mismos como con sus hijos, en todas las áreas, pero en especial, en lo que se refiere al rendimiento intelectual. La hermana de la paciente, de trece años, responde satisfactoriamente a las expectativas de los padres, pero a un alto costo, porque es asmática.

El abordaje de este problema se realiza – como hemos dicho – en dos niveles: el familiar y el individual. El tratamiento con los padres consiste básicamente en llevarlos a que disminuyan su nivel de exigencia en relación al rendimiento escolar de esta hija. El tratamiento individual se realiza para ayudarla a elevar su nivel de pensamiento y para que paulatinamente vaya recobrando la confianza en sus capacidades. Para ello, se le proponen primero tareas que puede resolver y, lentamente, se va elevando el nivel de complejidad de las mismas. El problema se resolvió cuando los padres disminuyeron su nivel de exigencia y la paciente comenzó a sentirse capaz. A los seis meses de iniciado el tratamiento el nivel de maduración de la niña se equiparó con el de sus compañeras.

 

c) La capacidad de aprendizaje está afectada y la ayuda familiar es inadecuada.

A diferencia del tipo de problemas antes descripto, en este tipo en están comprometidos dos niveles: el funcionamiento general de la familia y las capacidades mentales del paciente.

Un ej: consultan los padres por un chico de trece años que está en la escuela de recuperación, en el tercer nivel. Su problema es que tiene faltas de ortografía, omisiones de palabras y construye frases sin sentido. En matemática tiene serias dificultades en la resolución de problemas.

En las sesiones familiares se detecta que la madre tiene un tipo de pensamiento parecido al del chico y está mucho tiempo con él. Mientras que el padre tiene un modo más ordenado, pero influye menos sobre el chico.

El tratamiento familiar apuntó básicamente a disminuir el tiempo que el chico pasaba con la mamá, aumentando correlativamente el tiempo con el padre.

Para ello se convino con éste que le dedicara algunas horas por semana a enseñarle ajedrez. Al mismo tiempo, se le transmitieron al padre algunas técnicas psicopedagógicas para que él las utilizara con su hijo.

Simultáneamente, se brindó un tratamiento psicopedagógico individual con el objetivo de elevar el nivel de pensamiento, que era en ese momento equivalente al de un chico de quinto grado.

Partiendo del nivel en el que estaba, se le fueron proponiendo problemas de dificultad creciente, tanto en lecto -escritura como en matemática.

Esto, junto con el acercamiento mencionado entre padre e hijo, contribuyó a modificar el problema que originó la consulta en algunos meses.

En síntesis, los problemas de aprendizaje son un campo complejo, en el que creemos que es necesario un conocimiento profundo de las capacidades mentales y del modo en que las mismas se ven afectadas, para poder evaluar en cada caso el modo específico en el que su afección depende de una modalidad de relación familiar determinadada. Por ende, quienes se ocupen de estos casos deben ser, en nuestra opinión, psicopedagogos que se hagan cargo del tratamiento familiar, y no psicólogos que se ocupen del tratamiento psicopedagógico.

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