En terapia familiar estratégica, quienes rodean al consultante ocupan un lugar decisivo. No se los concibe como “generadores del problema” (una definición lineal que introduce culpabilización), sino como participantes activos de un circuito relacional donde ciertas conductas pueden estar reforzando el malestar.
La noción de circuito resulta central. El problema no se mantiene por una causa única, sino por la interacción repetida entre conductas, emociones y atribuciones. Por ejemplo, frente a un miembro deprimido, la insistencia constante de los familiares para que “haga algo” puede partir de su propia ansiedad y de la creencia de que, si siguen estimulándolo, finalmente reaccionará. Sin embargo, si esta solución intentada fracasa y se intensifica, termina colaborando involuntariamente en la perpetuación del problema.
Comprender este funcionamiento permite redefinir el lugar de los otros significativos. En lugar de ser vistos como responsables del malestar, pueden ser incorporados como colaboradores del cambio. Esta redefinición no es meramente semántica: tiene implicancias directas en la alianza terapéutica.
Cuando los familiares se sienten acusados (explícita o implícitamente) es probable que adopten una actitud defensiva o menos colaborativa. Por ello, el terapeuta cuida la forma en que comunica sus observaciones. El diagnóstico no siempre es compartido tal como es formulado internamente. En muchos casos, señalar las contribuciones positivas y las ocasiones en que han favorecido mejorías resulta más eficaz que subrayar los errores.
Este enfoque se apoya también en una concepción constructiva de la realidad. No se trata de afirmar que cualquier interpretación es válida, sino de trabajar junto al consultante y su entorno para construir una versión del problema que sea más saludable y útil. Un error puede ser resignificado como aprendizaje; una discusión intensa puede entenderse como una forma de mostrar necesidad o vínculo.
Las preguntas sobre recursos, excepciones y fortalezas, especialmente en el marco de un interrogatorio circular, favorecen el optimismo y la sensación de control. Se amplía así el repertorio de posibilidades disponibles para el sistema.
Incorporar a los otros significativos como aliados estratégicos transforma la dinámica del tratamiento. El foco deja de estar en la búsqueda de responsables y se orienta a movilizar recursos relacionales que ya existen, pero que hasta el momento no estaban siendo utilizados de manera funcional.
